El verdadero ser.
En las horas oscuras en que no leo o veo alguna serie o película; me gusta dilucidar y proyectarme en un personaje de mi gusto y conveniencia. Casi siempre recurro a una literatura de bolsillo, tipo colección Reno de Plaza&Janes. Deambular por casinos llenos de humo y partidas de cartas. Chascarrillos en voz baja ante la presencia del sargento de la guardia civil. Como un personaje de Santiago Juan Arbó o Ignacio Aldecoa. No te olvides de Bartolomé Soler, diría Eduardo Giménez, sustentador de muchas de mis lecturas. Vale. De ahí partió mi "Insomne funcionario". Obra en el cajón que espera terminación. Perdonen el casposo ripio. Ya jubilado en mis labores de funcionario; jubilado sin mácula se entiende, mis pasos de peregrino de la corte del chato vino serían muy plácidos. Años en que la vida moraba la vida. Y es que por mucho que me adorne con greñas y camiseta rockera, en mis horas oscuras soy más antiguo que el hilo negro de las bragas con puntillitas. Oh, sí, mi...









