El último pastor
En la planicie socarrada y agreste, el último pastor mira al nieto que lo inmortaliza con su teléfono móvil. El nieto que le compró ese termo para llevar agua fresca en verano y café con leche en invierno. Las ovejas taciturnas y obstinadas son las de siempre. Hace décadas que desaparecieron las radio novelas de su transistor. Aquellas vidas que día a día se desgranaban a través de las ondas. Al abrigo del cierzo feroz, escuchar las gaviotas del puerto de Barcelona. Amores de criadas con zangolotinos señoritos. Embarazos no deseados. Ahora todo era política y alcahuetería de famosos. Musicas raras. Pasaban días sin que corriera la ruedecilla y abriera los oídos al mundo exterior. El tiempo venidero lo adivinaba con su rodilla lastimada mejor que los hombres de ciencias con todos sus aparatejos. Las ovejas, bobas felices, pastaban como todos los días. Nada las inducía a pensar que era su último día en esos lares. No llovía hacia meses. El cereal, paja y alfalfa, todo empujaba en l...










