El verdadero ser.

 En las horas oscuras en que no leo o veo alguna serie o película; me gusta dilucidar y proyectarme en un personaje de mi gusto y conveniencia. Casi siempre recurro a una literatura de bolsillo, tipo colección Reno de Plaza&Janes. Deambular por casinos llenos de humo y partidas de cartas. Chascarrillos en voz baja ante la presencia del sargento de la guardia civil. Como un personaje de Santiago Juan Arbó o Ignacio Aldecoa. No te olvides de Bartolomé Soler, diría Eduardo Giménez, sustentador de muchas de mis lecturas. Vale. 

De ahí partió mi "Insomne funcionario". Obra en el cajón que espera terminación. Perdonen el casposo ripio. 

Ya jubilado en mis labores de funcionario; jubilado sin mácula se entiende, mis pasos de peregrino de la corte del chato vino serían muy plácidos. Años en que la vida moraba la vida. Y es que por mucho que me adorne con greñas y camiseta rockera, en mis horas oscuras soy más antiguo que el hilo negro de las bragas con puntillitas. Oh, sí, mi estimada Angélica Morales Soriano, tengo un amor perenne por mis días de escuela. Ahí clavo la flecha de mis anhelos en la diana de los finales de los sesenta. Quizá sea porque aún era un niño bueno sin rebeldías aparentes. Educado y sumiso a base de reglazos y bofetadas, sin duda; pero cómo sentías al pueblo en la piel. Su latido y hermandad. El deseo de belleza carnal y espiritual en igual medida. El rayo del deseo por amasar níveos muslos era compartido con hacer un buen noviazgo. Al final siempre triunfa la intrínseca naturaleza; pero mis tiempos más felices siempre han sido los de noviazgo. Hasta en eso soy antiguo. 

Recuerdo irme al monte con la perra de mi padre y llevarme la merienda junto a la bota vino. Más un libro de bolsillo de la colección Reno. Aposentarse mi joven cuerpo en un abigarrado abrigaño y leer hasta que declinaba la luz. 

Volver entre dos luces alobado de palabras y circunstancias; merienda cena y volver a las páginas ya en la serenidad de la cama.

Todo esto era al otro lado, mi lado oculto; lado del que no hablaba nunca en mi estadía en el lado común de bar, caza, baile, y ocasionales trabajos. 

De ese lado, para bien o para mal, nació mi verdadero ser.

En la radio suena Cecilia.





 

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