La necesaria poda

 En el jardín del chalet abandonado había en un rincón un melocotonero. En su día sus melocotones eran famosos en la barriada. Endulzaron en su baño de vino y azúcar, suculentas comidas de celebración. La empresa marchó; las viviendas de los directivos se vaciaron. Allí quedó olvidado. Sin su poda anual, la rica savia primaveral, engordaba ramas bordes. En un desbordamiento anárquico, los frutos, cada año de abandono, eran más abundantes; pero adolecían de raquitismo. Nadie recordaba al antaño creador ni sus frutos a la sazón. Hasta que un artista en busca de soledad para centrarse en su arte; adquirió el abandonado chalet. La empresa de restauración acometió la remodelación del jardín podando arbustos y rosales. Al llegar al rincón postrero se encontraron con el melocotonero enmarañado de ramas bordes.

-¿Lo arrancamos? preguntó el encargado.
-¿Se puede salvar? inquirió el dueño.
-Bueno, con una poda radical, creo que sí.
-Adelante. Démosle una oportunidad.
Tras una profunda poda; agradecido, el árbol recobró su esplendor. De sus ramas brotaron unos frutos anaranjados del sabor de la ambrosía.
Conmocionado, el artista sacó su caballete, y en un lienzo, plasmó la resurrección del humilde melocotonero.
A buen entendedor...










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