Tiempo de permanencia restante

 En estos momentos de convulsa convivencia entre unas ideas y las contrarias; no por ser contrarias tienen que ser equivocas, uno que está muy asentado en su realidad, sólo piensa en el tiempo de permanencia restante sobre la tierra. Puro ejercicio de opciones entre las matemáticas y la severidad de la salud. Cuenta de la vieja que no da opción a un campo amplio de futuribles. Ayer me vi abocado a abrir el primer libro de “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust. Andaba leyendo a Eve Babit y sus crónicas del Hollywood de los 70-80. Hasta sentía el picor químico en la garganta de la cocaína. Así que me fui directo a Combray y los veranos de Proust. Desde luego que no voy a buscar el tiempo perdido. Perdido está y sus reminiscencias no tienen la fuerza de hacerme daño. Envejecemos todos mal ante la idea de haber sido quien fuimos. Todos ante ese brumoso espejo salimos derrotados. Así que me reitero en aprovechar el resto del tiempo de permanencia. Permanencia con mas déficit que provecho vital. Con más cuestas agrestes en el camino diario; pero, con placeres al alcance de la mano. Lectura que no falte, cobijo y comida, y esa cotidiana sensación de alivio al no descubrir dolencias nuevas que añadir a la larga lista de las crónicas. Soñar. Cada vez me despierto más con el regusto de lo soñado en la boca que con lo que pueda vivir el día que comienza. Soñar es mi maná y mi alegría; pues por alguna extraña razón del subconsciente, sueño cosas bonitas y placenteras. Es como si los posos lisérgicos de antaño; me trajeran un mundo de colores y situaciones placenteras. Por eso pido que el tiempo de permanencia que me quede en este devastado mundo sea el que mantengo ahora. Estáis todos sin estar ninguno; hechos de pura niebla en los páramos de mi querida soledad.

Cuadro de Max Ernst. 



Comentarios

Entradas populares