Shoppy

 No es que no hubiera encontrado algo de lo que buscaba en Ibiza. No. Es que estuve muy reprimido por el hecho de tener una hipoteca. Una hipoteca pequeña que cualquiera hubiera pagado sin esfuerzo. Cualquiera menos yo, claro. Cuando me liberé y me vi con unos euros en la cuenta, empecé a vivir como quería en la isla. Viví un año en San Carlos y otro perdido en los bosque de Santa Gertrudis. Pero bueno, de esto ya he escrito en demasía. Al llegar a Formentera todo se avino para poder crear la ilusión de un mágico comienzo. A gastos pagados, con una buena nomina, trabajando bastante; llegó el verano y tenía hasta ahorros. La policía local precinto la obra hasta el termino de la temporada turística. Allí implosioné. Con 45 años se daban las circunstancias favorables para mi verano del amor: dinero, casa en el campo, una isla llena de fiestas en cuevas y playa. Nada de drogas urbanas y discotequeras. María, has, MDMA acompañando a un sexo juvenil. ¿Saben eso de la chica que se libera de la casa paterna por primera vez y se encuentra de repente en un enaltecido mar de nuevas experiencias? Pues algo de eso me tocó sin buscarlo ni comerlo. Así se dieron situaciones algo esquizofrénicas; ahora en el recuerdo: gratamente adorables.

Luego vino el otoño. La vuelta al trabajo. El puto abuso y la huida a otra empresa. La casita en las afueras. El Pin Por. La desaladora por 7 años. Y en línea recta vivía Shoppy. En la curiosa casa llena de esculturas coloristas. No recuerdo hablar con él. Si verlo en su buggy siempre bien acompañado por una bella mujer. Al año de vivir en la casita, falleció.
Una noche, en aquellos recorridos de madrugada a comprobar el nivel de los depósitos de agua, baje a echar una meada, y me encontré con su buggy abandonado en un baldío basuriento. Me llamó la atención el respaldo de su asiento: alto, de cuero negro con un reposacabezas ergonómico. Saqué la caja de herramientas y lo desmonté. Al maletero.
Al terminar mi turno regresé a casa. Saboreando un café mi premonición se hizo real. A mi silla de escritorio quitando su respaldo le acoplé el respaldo del buggy. Le introduje unos retazos de goma espuma dura y se quedo clavado. Lo limpie con un spray de tratamiento para cuero. Quedo impresionante. Como la parte del culo era roja la combinación quedo de un anarquismo salvaje. Y allí sentado escribí muchas de mis locuras. Buscaba la inspiración en el viejo respaldo de cuero y, por lo general, algo venia a mi mente.
Gracias, Shoppy.

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