Verano y moscas.


 En la tarde suicida despierto de la siesta. 

El come-come de las moscas. 

Pierdo la batalla paleta en mano. 

Necesito cafeína y una sonrisa. 

En el super, ¿Dónde sí no? 

A las cubanas les hago el payaso. 

Ríen sin saber que el favor de su risa. 

Me tira hacia arriba del pozo. 

La cajera argentina cae en la trampa. 

Le preguntó qué es un facón.

--Un cuchillo-- ay, esa forma de pronunciar. 

Ayelén. 

Ya fuera del pozo de la tarde

bien cafeteado y armado de insecticida 

vuelvo a mí redil. 

Los coches llenos de obreros camino de la ducha y el descanso. 

Sonrió, desenfundó, presto para la matanza. 

Al menos los cadáveres de las moscas no apestan. 

O sí.


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