Vacío

 Los momentos en que el vacío se apodera del 99% del impulso vital, existen. A mí me asaltaron en plena época militar. Había días que no quería ir a la cantina a beber calimocho y hacer el maño bruto. Me bajaba al coche a escuchar música. Triana o Pink Floyd. Contaba los días para el viernes salir libre. Teníamos piso en Alcalá de Henares y había justo enfrente un pub con música a mí gusto maravillosa. Pub Big Ben. Fernando no era de muchos gastos personales. Pub tipo clásico inglés en madera y un equipo de música superior. Cerveza bien fría y buenos petas de polen o líbano rojo. Madrid para el costo era como para el pescado. Primer puerto de mar. Duchado, cenado en un bar cercano, con ropa vaquera, a las 8 era de los primeros clientes en entrar. Fernando me descubrió al gran Jeff Beck, S. R. V, y, por supuesto, a Clapton en su época menos comercial. A veces, tenía 20-21 años, me acercaba a Torrejón a la discoteca Hawaii llena de jóvenes norteamericanas. Había enfrente una pastelería-panaderia que hacía bocatas y vendía pastelitos de riñón. Y después de unos porros era de lo más grato abastecer la endorga a gusto. Regreso a Alcalá a dormir. Ducha a media mañana, desayuno,y, para el pueblo. Épila sábado noche era la repera. Más cuando Fernando y Pilar abrieron el Tiffany. No había momentos para el vacío vital. Ninguno. Los reservaba para de lunes a jueves. Luego tire los dados y tampoco tenía tiempo ni espacio. Después de algún desparrame fuerte, me aparecía al amanecer, en parajes solitarios. No era tristeza ni agobio; era un sentimiento de no encontrarme a gusto. Me reía en soledad de que muchos hubieran dado un dedo gurrín por estar en mi lugar. Aguantaba a base de beber que para eso tenía un bar, jopetas. Cuando cuatro tontos entramos en la liga blanca; sí, tontos de capirote, el vacío era matinal, agobiante, hasta la primera linea de salida al sol. El vacío iba ganando terreno. Ni buen sexo ni buena caja; nada, absolutamente nada podía frenar la desazón. Ocurrió lo que tenía que pasar. No busquen el peine. En la artesa estaba. Ahora en que casi nada tiene importancia me río del vacío en la mañana o en la noche.

¿No observan que ha ganado la batalla de gobernar el mundo?


Albert Gyorgy. "El vacío del alma" 


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