Tertulia dominical en carpintería Cubero.
Con el sol en alto, la noche borracha a los hombros cansados, recalaba en la fresca tertulia de la carpintería. Sanedrín dominical de hombres recios, serios, afeitados; acogía al hombre escombro que daba voz a su retahíla de lecturas y escuchas de toda la semana. Nunca fui expulsado ni señalada la puerta. Era el heraldo historicista de sus 40 años de silencio. Por un fenomenal don era capaz de recitar con datos y números la historia de los años oscuros, silenciados. Me apoyaba en la arrogancia del que ya nada le importa para despotricar contra caciques y comprender al soberano pueblo. Mis compadres de empalmada me hacían llegar una rubia fresca desde el bar cercano. Con el gaznate renovado mi perorata se intensificaba hasta llegar a los planes de desarrollo.



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