Mi inofensivo lado canalla.

 Ayer quise ayudar a una señora mayor a subir el carro de la compra hasta su casa. Una parienta pizpireta dijo: es que es muy buena gente. Y le contesté que no pienso dejar de lado mi parte canallita. Ese lado, generalmente interno, que pone la sal y la pimienta a mí pensamiento. Ese toque de jengibre y limón que me saca una sonrisa. Esas gafas de Lebowski de ver pasar la vida. A veces me digo: vaya parada de monstruos, e, inmediatamente, me arrepiento y me doy el perdón. La observación es lo que tiene a través de una mente perspicaz. Accedo al respeto por vía de la comprensión: ¿Acaso no te dejan en paz con tus greñas y absurdo sombrero? Pues cumple con el contrato social y andarás más ligero.

Un pequeño gesto: poner un recipiente de plástico a los gorriones al pie de la fuente del parque. Tímidos se refrescan y picotean el agua. Así igual me digo que me merezco una tostada 0/0 en el Clapton.Ying y Yang.
Ojiplático con el mestizaje de esta modelo hija de iraní y española. Ya puedo ver a las demás; desde mi lado canallita.

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