Desubicarse

 Algunos, quizás afortunados, nacen, viven y, en el máximo de la ubicuidad, mueren en el mismo sitio. Un bache o curva, para servir a la patria, ahora ni eso, y la recta hasta el final. Pensé está máxima viendo la siembra anual de un patatal. Y eso que ahora el progreso sacude fuerte al paisaje.

El paisaje y el paisanaje.
¿Qué nos lleva a determinados seres a desubicarnos?
Un anhelo, sueño constante de poner una belleza a nuestro servicio podía ser un motivo aceptado. Luego, nada es como se sueña, claro esta, o el peaje es costoso más allá del normal deseo. La balanza. Los pros y contras del buscador de atmósferas. Buscar, otear a ojos cerrados donde la existencia merece la pena. Defrauda casi siempre y corremos a refugiarnos en las páginas de una novela; una historia de otros que buscaban, y a su vez, se decepcionan. Que si no es buscar imposibles. Los buscadores, sin saberlo, llevamos la frustración tatuada debajo del sobaco. Nadie la ve; pero, cómo sentimos su picazón al batirnos en retirada.
Los inamovibles transitan la línea recta con una serenidad fruto de la rutina, envidiable.
Pero, los buscadores, acaso no hemos visto a nuestra alma, cual blanco espectro, bailar con la belleza del momento y lugar. Embriagados hemos sentido la puñalada del poema visual. Vivir sin querer dormir; sumergidos en la locura de amar un efímero instante de dicha. Una tempestad de sentidos en comunión anímica con ese oleaje que hace vibrar colores y sonidos.
Lo más curioso es que el vino, hachís, substancias emotivas, dormían en el cajón esperando a la resaca del éxtasis de la plenitud.
La droga que no venden, ni siquiera han inventado; es hacer el amor con la naturaleza del paisaje y llegar a fundirte en su misterio.
Tengan un buen día. Busquen su paisaje y gocen la dicha de sentirse, vivos.



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