Robe
Andaba bastante en estado de espera en aquel lejano 96 del siglo pasado. Tenía ataques de pánico de los de tos y baba de caracol inundando los pulmones. En el médico creían que eran problemas de antiguas adiciones, alcoholismo y substancias varias. No me hacían ni caso. En ese parolismo trabajaba en Rodanas. De trabajar toda la semana a trabajar dos días; así me plantearon la cosa. No me moría de hambre y podía pagar la luz. Y comprar tabaco. Nunca he fumado tanto. Antes de lavarme la piñata ya tenía un Golden American encendido. El Camel de los pobres.
Me dejaron cortando cañas y escuchando por los auriculares mi querida radio 3. Y, allí, en Aguaviva, un nuevo disco de Extremoduro me voló la cabeza." Agila" (espabila en castúo). Escuchaba las canciones y me volaba la imaginación. Era una especie de Prometeo bajo la máscara de un triste payaso. Toda mi vida andaría buscando una luna propia. Sucede que puse una sonrisa bien rara, puse mi vida cabeza abajo y volvió la bestia. De chaval todos me decían Correcaminos y por mucho que estuve al loro me di más ostias que el coyote. Ábreme el pecho y registra, sí no era momento de quitarme de esta carrera.
El sábado bajé al Alcampo de Utebo y compré la cinta, comida para toda la semana, cerveza y J. D. El lunes no arranque hacia Rodanas. El martes me emborraché como un náufrago que se encuentra una caja de ron en la playa.
"Iros todos a tomar por culo" en cuanto pueda me las piro, vampiros.
A la primavera siguiente embarqué en Valencia hacia Ibiza.
¿Tengo que citar a quién escuchaba en el perolo marrón?
Ah, pues eso.
Roberto Iniesta Ojea, Robe.
Ya formas parte de los inolvidables.
Gracias por todo. Sobre todo por el empujón.



Comentarios